sábado, 28 de diciembre de 2013

Relación de Hefestion con Alejandro

Hefestión acompañó a Alejandro en su campaña asiática desde el principio, luchando en la unidad de caballería. Al pasar por la ciudad de Troya, Alejandro honró la sagrada tumba del héroe Aquiles, y Hefestión la del amante de aquél, Patroclo, asumiendo ante todo el ejército la naturaleza de la relación que compartían. Tras la batalla de Issos, Alejandro y Hefestión fueron a inspeccionar el botín ganado, que incluía al harén real.
Uno de los episodios mejor conocidos de la vida de Hefestión tuvo lugar cuando ambos conocieron a Estatira y Sisigambis, respectivamente la mujer embarazada de Darío III Codomano y la madre de éste. Mirando a ambos hombres, la reina madre mostró sus respetos postrándose ante Hefestión, quien era el más alto y bello, y, según la lógica persa, el más impresionante de los dos debía ser el rey. Comprendiendo por los gestos que el séquito le hacía que se había equivocado, comenzó otra prosternación ante Alejandro; éste, levantándola, la corrigió diciendo: "No te preocupes, madre, no has cometido ningún error. Hefestión es como yo mismo."
Antes de la invasión de la India y el cruce del Hindu Kush, en el actual Afganistán, Alejandro le nombró ministro, reconociéndole como segundo en el mando. Durante la campaña india, Hefestión volvió a asumir responsabilidades militares en la vanguardia, puenteando ríos y encabezando un escuadrón en la Batalla de Yelum.
De regreso en Susa, capital del Imperio persa, Alejandro desposó a Estatira, la hija mayor de Darío, y dio a Hefestión por esposa a la joven princesa Dripetis, hermana menor de su esposa real, y de este modo llegaron a ser cuñados. Hefestión y Alejandro mantuvieron una de las relaciones sentimentales y amorosas más intensas de la historia, con una implicación emocional tan fuerte que duraría toda su vida hasta su muerte. Hecho de tal envergadura que hizo que Alejandro se volviese casi loco de dolor, yaciendo sobre su cuerpo un día y una noche, quedando en cama durante varios días sin comer, beber o hablar, y protagonizando en los días posteriores algunos de los actos más terribles de su campaña militar.

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