sábado, 19 de octubre de 2013

COMENZAR DESPUÉS DEL FINAL. Testimonio real.


Jerry Albrent, un hombre gay escribe:
El Principio después del Final...
Hoy me voy de Wisconsin y vuelvo a mi casa en Colorado. Soy una persona nueva. Soy libre y yo mismo por primera vez en mi vida. Hace tres meses pasé por la mayor pena y desgracia que nunca tuviera. Hoy estoy cerca de las nubes. No porque esté en este avión sino porque he recibido mucho amor durante los últimos días.
Ójala Dave, my pareja, pudiera estar aquí a mi lado para compartir este momento porque él es parte de la razón por la que estoy teniendo esta experiencia.
Dave se mató en un accidente de coche el 15 de Mayo, hace tres meses y medio solamente. Yo quise a Dave más que a nadie y más que a nada y su muerte me produjo un dolor que nunca podré olvidar. Como hombre gay, no se lo había dicho a nadie y de repente me vi de frente con la realidad de que no tenía nadie en quien apoyarme, nadie con quiern hablar, nadie que me pudiera ayudar con el dolor y la pérdida. La pena era devastadora y me sentía tan, tan solo...
En mi comunidad no pude encontrar nada. Ningún grupo de apoyo para hombres gays, ninguna línea de ayuda - simplemente un contestador automático. No podría trabajar, no podría comer. Y domir (cuando lo conseguía) era el único alivio a mis lágrimas.
Pasé el funeral con la ayuda de la familia de Dave, sus amigos y el apoyo siempre presente de su maravilloso primo. En internet encontré a gente extraordinaria con las que podía compartir mi dolor y que estaban a mi lado aunque nunca nos conocimos.
Una amiga mía también me apoyó y juntos apoyamos a nuestras compañías telefónicas locales con cientos de dólares. Durante las primeras semanas después de la muerte de Dave ella salvó mi vida un poco cada día.
Sin nadie con quien hablar en toda la ciudad, me presenté en la biblioteca y leí unos cuantos libros. éstos me dijeron que no estaba loco y me aseguraron que el dolor de hoy, sería diferente mañana. Había luz más allá, decían, aunque a ella se llegaba con dificultad. El camino es duro.
Busqué en la base de datos local y encontré un pequeño registro que hablaba de un grupo de apoyo en el hospital local. Conocí al capellán y el grupo empezó unas semanas más tarde (en el cumpleaños de Dave). Este grupo (el capellán, el asistente social y yo) me salvaron la vida un poco más. Eran geniales.
Fui hasta varias oficinas buscando ayuda y encontré algunos sitios los cuales algunos ya no existían y otros solo eran contestadores automáticos o gente que se acababa de ir de vacaciones. Una maravillosa mujer de una universidad local me ayudó a encontrar más ayuda, algunos contactos potenciales más. Y uno de estos me llevó a otra persona que me ayudó todavía más.
Lentamente, paso a paso, día a día, continué mi búsqueda. Persona a persona, poco a poco, me ayudaron a encontrar más de lo que necesitaba. Pero después de todo el amor y apoyo que encontré allí, todavía faltaba algo.
Todavía era un hombre gay que acababa de empezar a salir del armario con él mismo. Todavía era un hombre apenado que no tenía familia alrededor que le pudiera apoyar. Todavía vivía con la confusión y el miedo. Confusión sobre quién era y miedo por lo que estaba encontrando - ¿perdería mi trabajo? ¿volvería a amar algún día? ¿me daría mi familia la espalda si se enteraran de quien soy en realidad?.
Sobre todas las muchas cosas que David me dió, había una fuerte apreciación de qué es amar y ser amado. Sobre qué es ser genuinamente feliz. Y cómo sonaba cuando las paredes que había construido alrededor de mi vida y mi corazón, se derrumbaron ladrillo a ladrillo.
No puedo volver al armario. Dave querría que yo fuera feliz y yo deseo ser feliz. Por lo tanto he tomado la decisión de que necesito empezar a compartir mi vida con mi familia. Quiero que ellos me conozcan completamente y no quiero seguir mintiendo. Y necesito su apoyo y amor ahora más que nunca.
Con el apoyo de mi hermana mayor (a la que se lo dije hace dos meses - otra fantástica historia) orquesté un encuentro de familia para cuando llegará a Wisconsin. Había rumores volando pero mantuve el secreto (siempre asegurando a mis padres que no me iba a morir y que no había ganado en la lotería).
El encuentro empezó. Mis padres y la mayoría de mi familia más cercana estaban allí. Esperaron a que empezara. ¿Cómo podría expresar con palabras los sentimientos en la habitación? Es imposible. ¿Cómo puedo explicar la profundidad y la calidad de cada sonrisa, cada lágrima? Lo único que puedo decir es que la habitación estaba llena de apoyo 100% incondicional y un 200% de amor.
A medida que contaba mi historia y compartía mi vida por primera vez con mis padres y parientes y sus parejas, nadie abrió la boca hasta que terminé. Cada uno me hizo honor con su silencio y mirada suave. Nadie hizo comentarios sobre mis palabras ni nadie intentó desviar la conversación a otro tema. Abrieron sus corazones y permitieron que su hijo y hermano volvieran despacio a sus vidas.
El hecho de que yo era gay no era ninguna sorpresa para muchos y no era un problema para nadie. Lloraron conmigo por mi pérdida, sonrieron con todas las historias que compartí. Mientras miraban mis fotos de Dave, se compadecían de la pérdida y de no haberle conocido.
Cada persona - madre, padre, hermano, hermana, cuñado , cuñada - me abrazaron y me dijeron que me querían. Me dirijieron palabras de cariño y apoyo, y hablaban desde el corazón.
Era su hermano, su hijo, yo era importante y nada había cambiado sobre lo que pensaban de mí. La información sobre que yo era gay sólo era importante porque estaban felices de que finalmente me aclarara con la parte de mi vida que ahora era capaz de compartir con ellos.
Las horas pasaron y a medida que iba de pareja a pareja diciendo adios, nos abrazamos, lloramos, nos reímos. Se dijeron cosas que siempre quedarán en mi corazón. Cosas preciosas sobre yo y sobre Dave. Me invitaron a ir a sus casas y planeaban venir a visitarme.
Lo único que ha cambiado en mi familia es que ahora estamos todos más juntos que nunca. Hemos compartido pensamientos y sentimientos que demasiadas veces quedan sin decir.
Siempre he querido a mi familia y siempre he valorado las cualidades que hacen de mis padres y cada uno de mis 7 hermanos algo único. Pero nunca hasta ese fin de semana supe realmente la suerte que tenía.
La felicidad no terminó ahí. Cuando abracé a mis padres, mi hermano me recordó que si las cosas se volvían difíciles en mi vida o si necesitaba algún sitio donde estar, siempre sería bienvenido en su casa. Y mi madre dijo que algún día conocería a algún hombre tan maravilloso como Dave y que cuando eso pasara, yo debía saber que siempre sería bienvenido en su casa.
El día después y ese día más tarde, me encontré con mis sobrinos y sus parejas. De nuevo toda la experiencia desde el principio hasta el final fue preciosa. Su amor y respeto por mi eran inamovibles. Aunque algunos son muy jóvenes, hablaron con mucha sabiduría. Compartieron conmigo pensamientos y sentimientos que salían de sus corazones. Como con el primer grupo, nada era interesado, o dicho por obligación o con intención de aparentar. Sus sonrisas, sus lágrimas, sus abrazos, sus palabras decían: Eres nuestro tío Jerry, siempre te quisimos y siempre te querremos. Me llegó al corazón, más allá de las palabras.
Echo de menos a mi David y seguiré procesando esta pena durante mucho tiempo y ahora también debo de darle las gracias por impactar mi vida tanto como lo ha hecho. Ha jugado un papel vital en sacar adelante al hombre que soy hoy. El hombre que estoy orgulloso de ser. Actualmente, he salido del armario con mi familia y conmigo mismo y miro hacia el futuro.

El principio…

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