jueves, 30 de mayo de 2013

Cuento: DIOSES Y GAYS

Hace mucho, mucho tiempo el ángel Nahuel se enamoró perdidamente de un joven y apuesto escultor. Como su amor era correspondido, todas las noches bajaba desde el cielo a reunirse con su amado. El amor entre ellos era tan puro y profundo que de las caricias y palabras dulces que se entregaban surgían luciérnagas que iluminaban la noche y acompañaban los árboles solitarios.

Nahuel era el ángel que tenía por misión cuidar y despertar los sueños que la Diosa Madre colocaba en el corazón de sus criaturas. Sí, porque la Gran Diosa siempre sueña con sus hijos antes de llamarlos a la vida. Sueña un gran sueño y luego guarda ese sueño en lo más profundo del corazón de su criatura. Era misión de Nahuel despertar el sueño de cada hijo para que poco a poco ese niño se pareciese más al hombre soñado por la Diosa.
El escultor, un joven apuesto, tenía las manos mas hermosas del universo y su misión era convertir las piedras en figuras dulces y maravillosas.

Nahuel sabía que las leyes del universo prohibían y castigaban el amor entre un ángel y un mortal, por eso no se sorprendió la madrugada en que los mensajeros de los Dioses le salieron al paso para evitar que regresara al cielo. Silenciosamente Nahuel entregó sus alas y los poderes mágicos que poseía a los mensajeros y regresó al lado de su amado quien en ese momento comenzaba a esculpir una hermosa muñeca.

Si bien los enamorados estaban felices pues pasarían el resto de la vida sin separarse, les preocupaba quién despertaría los sueños de los hijos de la Diosa Madre. Noche tras noche se sentaban tomados de las manos mirando al cielo, buscando una forma para continuar con la misión de Nahuel.
Un día los mortales comenzaron a hablar de la proximidad de un eclipse que dejaría el cielo completamente a oscuras. El joven escultor le dijo al ángel que era el momento adecuado para burlar a los mensajeros y viajar hasta donde vivía la Gran Diosa y encontrar una solución. Nahuel le recordó que ya no tenía alas para alzar el vuelo. El amado escultor solucionó el problema confeccionando unas alas livianas y suaves. Y para encontrar el camino en la oscuridad le regaló a Nahuel una muñeca llena de luciérnagas. Llegó la noche del eclipse y Nahuel partió a encontrarse con la Diosa Madre.

La Diosa se alegró mucho al ver a Nahuel y le entregó de inmediato nuevos poderes para que continuase despertando los sueños que ella deposita en el corazón de cada uno de sus hijos. El ángel estaba cansado por lo que la Diosa Madre le pidió que se quedara y recuperase fuerzas. Nahuel no quizo, pues debía aprovechar la oscuridad del eclipse para regresar a la tierra. Si era sorprendido, los mensajeros de los Dioses no le dejarían continuar su camino quedándose para siempre lejos de su amado. Diosa y ángel se abrasaron. Nahuel abrió sus alas y comenzó el regreso.


La oscuridad del eclipse confundió los caminos y Nahuel no pudo encontrar la ruta para volver a casa. Desesperado por la pronta llegada del amanecer reunió los nuevos poderes que la Diosa le había concedido y los ocultó en la muñeca llena de luciérnagas que su amado escultor le había entregado. Luego juntó toda la energía que le quedaba y se lanzó atravesando las nubes con la velocidad de un rayo. El roce con el viento destruyó por completo sus alas y su cuerpo frágil cayó sobre las olas del mar. Justo en ese momento aparecieron dos ángeles amigos quienes le ofrecieron llevarlo de regreso al cielo para que le curaran las heridas. Con voz entrecortada Nahuel les dijo que ya no era inmortal, que si lo llevaban al cielo sería sólo para morir y que si debía morir el prefería hacerlo al lado de su amado. Los ángeles insitieron e incluso prometieron que en el cielo recuperaría sus poderes, que pidiendo perdón volvería a ser un ángel inmortal. Nahuel sabía que eso significaba no regresar nunca mas a la tierra por lo que les rogó le acercaran a la orilla donde le esperaba su amado.
Sentado sobre unas rocas aguardaba el enamorado escultor quien había presentido la desgracia cuando llegó el amanecer. No tuvieron que explicarle nada. Recibió en sus brasos el cuerpo de su amado quien le entregó la muñeca que traía apretada contra su pecho. Nahuel abrió sus ojos para ver el rostro de su amado por última vez y en su mirada le transmitió todo el amor que sentía por él. El corazón de Nahuel dejó de latir. El corazón del escultor se estremeció. Besó los labios del ángel que había preferido morir en la tierra antes que vivir en el cielo lejos de él. Limpió el cuerpo de su amado, lo envolvió en una suave tela blanca y lo enterró junto al árbol donde vivían las luciérnagas que habían surgido de las caricias y palabras dulces que intercambiaban al amarse.

Desde esa triste noche el escultor, que tenía las manos mas hermosas del universo, comenzó sólo a esculpir muñecas iguales a la que había fabricado para su amado. No sabía porqué pero al ir dejándolas al lado de la muñeca que Nahuel le había devuelto antes de morir, el material duro en que habían sido esculpidas se transformaba en material blando y suave. Y cada vez que las miraba, despertaban sus sueños y ganas de vivir a pesar de la soledad.

Una mañana llegó al taller uno de sus clientes acompañado por un pequeño y delicado niño. El hombre se decepcionó mucho pues no había ninguna obra que pudiese llevar a casa. No así su hijo, quien se alegró al descubrir las muñecas del escultor. Después de un largo tiempo en el que trató de convencer a su hijo que un niño no juega con muñecas tuvo que ceder y acabó comprando el juguete al niño pequeño y delicado que cada vez que miraba la muñeca sonreía y comenzaba a parecerse más a Nahuel. Fue entonces cuando el joven escultor comprendió que su amado no sólo había querido morir junto a él sino que también había querido que él asumiera la misión de despertar los sueños que la Diosa Madre coloca en cada una sus criaturas al llamarlas a la vida.

A partir de ese instante el escultor se dedicó a repartir muñecas a los hijos de la Gran Diosa Madre. Muñecas que al estar cubiertas por luciérnagas algunos les llaman "Divas".
Los chicos estos, las reciben y bautizan de inmediato...UNOS LE COLOCAN POR NOMBRE CHER, OTROS MADONNA, ALGUNOS BRITNEY, BJORK O PAULINA. Cada uno elige el nombre que más le gusta y tarde o temprano descubren que lo que tanto admiran en su muñeca no son mas que las virtudes y dones que la diosa ha depositado en ellos para que los desarrollen y cada día se parezcan un poco más a Nahuel: el ángel que se convirtió en hombre para amar.

FIN

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