viernes, 22 de noviembre de 2013

IDEALES DE LA BELLEZA MASCULINA

Al ver en medios de comunicación la imágen de Arnold Shwarzenneger, casi por osmosis nuestros códigos culturales contemporáneos (en el ámbito europeo), nos provocan de forma automática unas carcajadas que nos salen de lo más adentro del alma, como si de un chiste malo se tratase. De verdad no tiene desperdicio! Probablemente en ese "particular" país donde todo parece haber nacido de un chorro de ketchup derramado en un parquet de plástico, siga siendo esa (y otras muchas similares) las reglas que rigen la belleza anatómica de un cuerpo masculino.
Y no por defecto ni equivocación. En Estados Unidos todo debe ser grande, monumental, de una desproporcionada grosería que sobrepasa la línea del mal gusto. Era lógico que al remitirnos al propio ser, a lo humano, las connotaciones fuesen sino idénticas, parecidas, como tratando de crear un ser y un lugar perfecto que, por sus mismas características, representa más bien la decadencia en el más amplio sentido de la palabra.
Millones de hombres alrededor del mundo, viven más tiempo en un gimnasio que en su propia casa, y se dejan la mitad de sus sueldos en píldoras y tratamientos que les ayuden a acercarse a esta grosera y burda imágen de súper hombre o "Mister World" (chabacana prótesis cultural creada precisamente por ese mismo país).
Dejando aparte estos vulgares párrafos, me interesa analizar cuál es, hoy por hoy, el nuevo y real canon de belleza masculina, diametralmente opuesta a la antes mencionada. La imágen que se me viene a la cabeza cuando he de preguntarme "qué es un hombre bello?", que es la misma que veo en la totalidad de las publicaciones de moda que circulan por europa, es la de un hombre delgado pero saludable, con sus cosas donde deben estar y una proporción adecuada en sus seis cabezas y media de extensión. Hombres de piel bronceada (ojalá morena) y rostros de triangularidades perfectas y armoniosas, no esas antañas facciones rudas, prepotentes y severas. La nueva belleza se rige por la naturalidad, rostros casi femeninos apelativos al romanticismo, que dejan al descubierto pequeñas cicatrices de una caída durante la niñez, pequeñas imperfecciones dentales, lunares y manchas de nacimiento, cabellos largos, melenas naturales desordenadas por el viento o recién salidas de la ducha, todo esto capitalizado culturalmente como una gloriosa lectura de la perfección de lo imperfecto.
El nuevo valor se rige -sin desmerecer en lo absoluto las prácticas deportivas- por prestar más tiempo a la convivencia social, los amigos, la alta cultura en todas sus variantes y hombres que ríen, lloran, abrazan y besan sin prestar atención a tópicos o tabúes interrogativos entorno a su masculinidad. Asimismo al cuidarse la piel, el pelo, las manos, y toda su anatomía en la tan mal llamada "metrosexualidad", que a nivel de las grandes masas adquiere un rol callejeramente negativo, pero que sin embargo se transforma en un culto dentro del espacio íntimo y personal.
Es este nuevo acercamiento a lo "real" lo que crea un dinamismo en el sector de la moda y que ha provocado un notorio acercamiento del género hacia esta industria, por una lógica, que es la presencia de más similitudes de códigos comunes. El llegar a ser capaz de conocer el propio cuerpo sin timidez ni traba psicológica alguna, y más importante aún, al proporcionar a la sociedad una imágen de que se puede llegar a ser bello sin tener que pasar por un bisturí, medicaciones, píldoras mágicas o químicos que cambien el color de nuestro cabello, que al otro lado del atlántico y de la mano de Hollywood, parece ser el "leimovit" de una sociedad que camina en vías hacia su propia autodestrucción social.

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